domingo, 6 de noviembre de 2011

Vuelo libre

Una hoja en blanco. Toda una aventura por descubrir, transitar los pasadizos de la mente cambiando sentimientos por palabras.
Un desierto por recorrer, juntar uno a uno los granos de arena y al final del camino encontrar las alforjas rebosantes.
Un dibujo por empezar, apenas un boceto, una idea. Quizás un color.
Música sin pentagrama, ni siquiera melodía. Notas tocadas al azar.
Una hoja en blanco, así fue nuestra relación .Siempre por empezar. Nada definido.
Sin preguntas ni explicaciones. Brindando por un amor sin ataduras, sin fidelidades extremas, sin condiciones ni reproches.
Tan libre que un día te fuiste a buscar nuevos retos, explorar nuevos horizontes.
Tú volaste y yo quedé atada a un recuerdo.
Ha pasado el tiempo.
Dices que vuelves.
 Que la libertad no es lo mismo si no estoy a tu lado.
Que descubriste que  sólo en mis brazos encontrabas calor.
Quieres que volvamos a empezar.
No digas más.
Déjame explicarte que no volveré el tiempo atrás. Que cancelé mi viaje al pasado.
Déjame contarte que a esa hoja manchada  con el rímel que arrastraban mis lágrimas, la apreté fuerte entre mis manos, para que sienta lo mismo que mi corazón.
Déjame decirte que hoy no tengo ataduras.
 Que vuelo libremente .Que soy feliz.


                                                                       Graciela


domingo, 16 de octubre de 2011

Echar a volar



Un globo formado por grandes trozos de  telas de varios colores, con ráfagas de fuego en su interior y del que colgaba una cesta de mimbre, cruzó  de un extremo a otro la pequeña Isla del Castillo.
Acompañan su suave vuelo, una bandada de pájaros de coloridas y brillantes plumas. Más rezagadas van mariposas multicolores.
En la cima de la colina Mayor, que en realidad es la única, se encuentra la  construcción que le da nombra a la isla.
El castillo  tiene dos torres altas sin ventanas  a los costados del portón de entrada .Para ingresar hay que transitar por  un puente. Una vez adentro, después de andar entre rosales y jazmines se llega a los estanques salpicados de cisnes y extrañas flores lilas.
Desde aquí se ve el casco principal, llama la atención a cualquier visitante una torre aislada, al oeste, muy alta y que en la parte superior tiene una abertura en forma de corazón, con gruesos barrotes negros.
Si bien la enredadera ha cubierto la entrada y tapa casi la mitad de la torre, cuenta la leyenda que allí habitaba una doncella que supo negarse al amor del señor del castillo y como venganza la encerró para que no fuera mujer de nadie si no era de él. Aunque nadie sabe si es verdad, lo cierto es que ahora ni la torre ni el castillo están habitados por doncellas ni señores, sólo los animales y las plantas han crecido e invadido tanto el parque como las habitaciones.
Volviendo al globo, sobrevoló el castillo y descendió en la entrada. De la cesta bajó un niño, en la cabeza lleva un casco celeste con el arco iris dibujado en la parte superior.
Camina unos pasos y se quita el casco, seguramente debido al calor sofocante que debe sentir ya que es verano y el sol está en el punto más alto del día, sigue caminando mirando hacia un lado y el otro, hacia arriba y abajo.
 Mira fijamente al viejo roble y se acerca apresuradamente, apoya su espalda en él y comienza a caminar nuevamente, con pasos largos y firmes hacia la playa .Parece que estuviese contando.
Se detiene, mira hacia atrás saca de la mochila verde, que carga en su espalda desde que bajo del globo, un instrumento brillante, plateado, se acerca al suelo y lo clava con gran fuerza. Pasa toda la tarde y no se ha movido de su lado.
Está oscureciendo, vuelve a buscar algo en la mochila, saca una manta.
Acerca, esta vez sus manos al instrumento, de pronto un haz de luz fucsia fluorescente sale como rayo con dirección a las estrellas, en el centro bolitas doradas suben y se ponen una al lado de la otra en forma circular .Al finalizar de expulsar esas esferas se ha formado un gran círculo dorado en cuyo centro está el rayo fucsia.
-Mañana seguimos.
-Mamá, lee un poco más.
-Ya es tarde
-No puedo esperar a mañana.
-Imagináte como sigue y mañana veremos si es como crees.
-¿Será una sombrilla o una antena? De ser una antena ¿a quién está llamando? O ¿con quién  desea comunicarse?¿Para traer o para que lo vengan a buscar? Si es una sombrilla ¿será para protegerse ?¿de qué? ya quiero soñar. Hasta mañana mamá.


                                                                        Graciela




lunes, 10 de octubre de 2011

La ronda




Contar hasta diez,
contar hasta veinte
sentir la sangre caliente.

Contar hasta diez,
contar hasta treinta
que el corazón no lo sienta.


Seguir la cuenta,
seguir  la prosa
un gran amor lo destroza.

Seguir la cuenta,
seguir la rima
ésta pasión que lastima.

Contar hasta diez,
contar hasta cien
¿me extraña alguien?

Seguir la cuenta,
seguir el verso
¿recordará mis besos?


                       Graciela

domingo, 9 de octubre de 2011

Extremos


Llorar todas las lágrimas,
hasta secar las venas.
Gritar un solo grito,
hasta enmudecer el corazón.
Correr sin parar,
hasta detener el tiempo.
Saltar un salto eterno,
hasta tocar  tierra.
Callar el silencio,
hasta quebrar los cristales.
Mirar en unos ojos,
hasta encontrarme perdida.


                   Graciela

domingo, 18 de septiembre de 2011

Flores para una boda


Dos  altos muros blancos unidos por una puerta de hierro negro forjado sostenida a los lados por sendas  columnas marcan  la entrada.
Al traspasarla, un largo  camino de baldosones  blancos y negros, hileras de fresias contienen el césped cortado recientemente, parejo, húmedo.
La casa, blanca y tejas negras con dos balcones  ornamentados con flores y cintas de colores tenues que caen en cascada, aparece al final del sendero bicolor.
En la galería, ramos de pimpollos engarzados en la enredadera, de las luminarias penden  ramilletes de globos que la suave brisa hace danzar.
Elegantes  mozos ofrecen  bebidas en la recepción .Mujeres finamente ataviadas reciben con coronas o collares de flores a los invitados e  indican con sutiles ademanes  el trayecto a seguir.
En el jardín la hierba se confunde con los pétalos arrojados, intencionalmente, para engalanar su verde natural.
Las sillas blancas  acomodadas a los lados de un paño blanco a modo de camino, formando un pasillo, tienen en la parte posterior del respaldo los nombres escritos con letras doradas en finas tarjetas color marfil.
Es abril, otoño, pero aquí todo huele a primavera
Allí están todos sonrientes  con sus coronas, collares, trajes de fiesta y copas en las manos.
Hacen su entrada triunfal los novios, ella con vestido de seda blanca ceñido al cuerpo, los hombros desnudos, el velo corto sale de la diadema de perlas y capullos.
El novio de elegante traje blanco, camisa blanca y  corbata lila pastel igual al ramo de su futura esposa.
Sonrisas brillantes en las caras, la música acompaña sus pasos.
Después de la ceremonia, entre risas y llantos  de los concurrentes, la pareja desanda el camino saludando exultantes.
Alguien propone un brindis, será el primero de muchos .Todos aceptan y alzan las copas .Brindan por la felicidad de los recién casados.
Se forman rondas de baile, los niños corretean y juegan con los globos que han logrado alcanzar.
Con el transcurrir  de las horas los mayores ya no bailan, se ponen al día con los chismes familiares, las niñas se mancharon sus lindos vestidos con  pastel, los niños corrieron, jugaron, saltaron y rompieron uno de los jarrones del altar.
Los novios se han sacado cientos de fotos, es hora de marcharse .Suben al  auto adornado con flores y moños y tocando repetidamente la bocina se alejan de la fiesta agradeciendo a los que les desean felicidad.
Los invitados empiezan retirarse y a los rezagados se les ofrece café o licor.
Los padres de los novios se acercan a una dama, ha planeado cada detalle, hace veinte  años que se dedica a ofrecerles las  más bellas fiestas a las parejas y ellos lo agradecen efusivamente.
La casa quedó vacía, el personal de servicio ya ha retirado todo rastro.
En la casa donde se casaron sus padres, donde creció, la misma donde debajo de uno de los balcones de la entrada le dijo adiós al amor, pronto habrá otra boda, pero tampoco será la de ella.


                                                                           Graciela








domingo, 28 de agosto de 2011

Conversaciones en la plaza



El sol era tibio, podía encontrarte  en las hamacas todas las tardes al salir de la escuela.
Tú venías corriendo, con tus compañeros del colegio de curas, a jugar a la pelota.
La hojas amarillas cubrían el césped , al terminar los juegos me acompañabas a mi casa.
Yo llevaba tus libros, tu mi guardapolvo.
La música de la calesita se repetía una y otra vez, me contabas los deberes de matemática.
 Tú me decías que el domingo en la casa de tu abuela  comerías bizcochuelo de naranja.
Pasó el invierno y también el verano, y guarde el secreto de tu primer novio.
 Yo te presente una compañera, y después otra y otra….
Las flores perfumaban los canteros de la plaza cuando te dije que me casaba.
Yo me recibí ese año de ingeniero.
Sacaron la calesita, ¡que emoción sentí cuando me dijiste que esperabas un hijo!
Te casas con mi amiga,  la de los ojos color miel y cabello ondulado, ¡qué alegría!
 Han colocado juegos nuevos, ya tienes dos hijos que llevas a la escuela de tu niñez.
Tu hija es compañera del menor mío.
Las tardes de abril son soleadas, unos perros pasean con sus dueños, ya tus hijos han terminado sus estudios y se marchan a otra ciudad.
Tu esposa ha enfermado, tu hija la acompaña en la clínica.
Los jazmines de la fuente florecieron, tu marido ha fallecido.
Tu hija se casa.
El otoño ha vuelto a la plaza, unos niños corren por donde nosotros corríamos. Ya soy abuela.
Yo el mes próximo me jubilo.
La plaza, los perros, los niños, el sol, han pasado los  años amigo mío  y siempre estás conmigo.
Nos ha pasado la vida amiga mía  y  siempre podré contar contigo .


                                                                                                                                           Graciela

                                                                                                  



lunes, 22 de agosto de 2011

Crepúsculo



 No va solo el caminante. Los árboles vestidos de silencio lo acompañan en el paseo diario.
 Es su momento preferido del día, las luces de la tarde se mezclan con los primeros trazos de la noche creando tonalidades mágicas.
 Los pájaros, cual espectador maravillado al final de un exquisito concierto, con su aleteo, aplauden  la jornada  que termina.
Una suave brisa envuelve su cuerpo como un manto de seda fresco.
 El rocío humecta la piel de su cara y en  cada gota se impregna del  aroma de las  flores y  la  tierra húmeda.
El boulevard se  va angostando, indicando así  un único destino posible. El muelle.
Dolientes, crujen los viejos maderos, resecos por los años.
El lago está allí,  con sus aguas quietas, espejo antojadizo  del cielo.
Observa el horizonte, queriendo llevarse en sus ojos los últimos rayos de sol.
Inspira profundamente, renovando el aire de sus pulmones. Exhala despacio…  muy despacio.
Mira tranquilamente el paisaje. Los diamantes estelares se muestran más brillantes en el negro terciopelo, y entre ellos una perla luminosa. La noche ya invadió la escena.
La Luna se esfuerza en iluminar el sendero filtrándose en las ramas de los árboles, como agua entre los dedos.
Regresa, en todo el trayecto no hizo planes, no proyectó el mañana, no evaluó el hoy.
Desanda el sendero, como enamorado  camina ilusionado.  
Mañana, en el muelle, el sol, la luna y él tienen  una  nueva cita.
El amante infiel despedirá a uno para marcharse con otra.


                                     Graciela